O Capitol, mi Capitol – tributo a una sala de cine

El domingo cerrará una de las míticas salas de cine de mi ciudad, una sala que desde 1959 ha emitido películas sin parar. Una sala que anunció su cierre a mediados del año pasado. Una sala que en pocos meses será una gran tienda deportiva de dos plantas. Dicen que cada vez iba menos gente y que seguircon el negocio era insostenible y se le achaca la crísis a la piratería primero, y a los multicines de los centros comerciales después.

No recuerdo exactamente cuál fue la primera película que ví en el Capitol. Pudo ser una infantil o una más juvenil, no lo sé. De lo que sí que me acuerdo es de cuando fui con mi madre y mi primo a disfrutar de “Parque Jurásico” (Jurassic Park) y de los gritos y tapamientos de cara que ambos hicieron, al igual que muchos otros en aquella sala abarrotada, mientras yo tenía una sonrisa de oreja a oreja en la cara.

También recuerdo muy bien cómo difruté la que hoy en día sigue siendo una de mis películas preferidas, “La Isla de las cabezas Cortadas” (Cutthroat Island), ya que aluciné con la Geena Davis pirata y esa infravalorada película de aventuras (algún día llegará un post sobre ella); y cómo hice lo propio en la misma sala (la 3), en la misma butaca con “Memoria Letal” (The Long Kiss Goodnight).

Nunca olvidaré lo que dije cuando pusieron el trailer de “Titanic” antes de “El Mañana Nunca Muere” (Tomorrow Never Dies), que no pensaba ir a verla porque seguro que iba a ser la “típica película catastrofista que recauda mucho pero que se hunde de lo mala que es” pero fui y me encantó; o de la cola que tuvimos que esperar una amiga y yo un caluroso día de verano para ver “Independence Day”.

Me pasé “El Amor Tiene Dos Caras” (The Mirror Has to Faces) comiendo porque Barbra Streisand come mucho en la película; no entendía qué de bueno tenían “Mejor Imposible” (As Good as it Gets) y “Jerry Maguire” mientras las veía y me aburrí como una ostra con la segunda parte de “Piratas del Caribe” (Pirates of the Caribean), aunque también fui de las pocas de la sala que la vieron hasta el final porque la película acababa al final de los títulos de crédito, y con “El Código Da Vinci” (The Da Vinci Code).

Cuando fui con unas compañeras del instituto a ver “El Proyecto de la Bruja de Blair” (The Blair Witch Project) fiplé porque una se pasó toda la película con las piernas encima del asiento ya que pensaba que algo le iba a salir de debajo ientras o luchaba por no marearme con tanto movimiento de cámara; y cuando fui con unas compañeras del campus multideporte de verano a ver “City of Angels” acabé riéndome (no fui la única, que conste) porque una se puso a llorar desconsoladamente al final después dela gilipollez que se le ocurre hacer a Meg Ryan al final del filme, y nos llamó “insensibles”.

De insensible nada porque con “Toy Story 3” tuve que reprimirme las lágrimas, qué peliculón, qué grandes escenas y qué emotividad… Una emotividad porlo que contaba la película, por ser el cierre a una trilogía y por, tal vez, ser el último filme que iba a ver e el mejor cine de mi ciudad.

Pero no, en febrero tocó ir a ver “Valor de Ley” y disfrutar de la que será la última película de las tantas, las que he mencionado no son todas, que ví en el Capitol.

O Capitol, mi Capitol… cuanto te echaré de menos aunque siempre tendrás un lugar en mi corazoncito cinéfilo.