La Residencia: Buena ambientación, cero terror

Poster de La Residencia

Título original: La Residencia.
País: España.
Año: 1969.
Director: Narciso Ibáñez Serrador.
Guión: Narciso Ibáñez Serrador.
Reparto: Lilli Palmer, Cristina Galbó, John Moulder-Brown, Maribel Martín, Cándida Losada, Mary Maude, Pauline Challoner, Teresa Hurtado, María José Valero, Conchita Paredes, Ana María Pol, Tomás Blanco.
Duración: 100 minutos.

La joven Teresa (Cristina Galbó) llega a una residencia para chicas situada en un boscoso paraje francés. La directora del lugar, la señora Fourneau (Lilli Palmer), le hace un tour por el mismo pero aparentemente alguien la acecha. No es otro que Luis (John Moulder-Brown) el hijo de la señora Fourneau a quien le gusta espiar a las chicas.

Fotograma de La Residencia

La recién llegada en seguida se entera de que unas cuantas han huido del lugar, un sitio regido bajo la estricta directora en la que su mano derecha, una despiadada alumna que la toma con la nueva, y sus secuaces se creen las reinas del lugar.

Una nueva desaparición levanta las sospechas en algunas de las muchachas mientras la directora no parece darle mayor importancia.

“La Residencia” está basada en un relato de Juan Tebar y Narciso Ibáñez Serrador hizo de ella uno de esos filmes de terror made in Spain que pasó a ser clásico, de hecho fue la primera película española grabada en inglés. El largometraje está muy bien ambientado pero creo que su valor reside más en cómo fue capaz de salvar la censura cuando solo hay que leer entre líneas para darse cuenta de lo sutiles que son ciertos aspectos que se cuentan, como esa analogía sexual con hilo y aguja, o cómo se escenificaron ciertas escenas como la de la ducha.

Lilli Palmer y John Moulder-Brown en La Residencia

Hay que recordar que “La Residencia” data de 1969 cuando Franco era dictador en España y la censura tenía minuciosos controles. En eso es donde, como digo, más valor se le puede encontrar al filme hoy en día ya que por mucho terror que pretenda crear, no lo consigue en ninguna de sus escenas. En ella hay algo de “Psicósis” (Psycho) en esa relación madre-hijo tan… ¿Cómo llamarla? Dejémoslo en particular. Y he de decir que aunque lo mejor me parezca el final, bastante obvio por otra parte, sí que lo encuentro algo apresurado y extraño en el sentido del personaje que acaba rebelándose al final.

No aburre pero tampoco aporta nada. Se entiende, de todas formas, que se considere clásica siendo de la época de la que es.