Una Mujer Bajo la Influencia: La incomprensión de la enfermedad mental

Poster de Una Mujer Bajo la Influencia

Título original: A Woman Under the Influence.
País: Estados Unidos.
Año: 1974.
Director: John Cassavetes.
Guión: John Cassavetes.
Intérpretes: 
Gena Rowlands, Peter Falk, Matthew Cassel, Matthew Labyorteaux, Christina Grisanti, Katherine Cassavetes, Lady Rowlands, Eddie Shaw, Angelo Grisanti, Mario Gallo.
Duración: 145 minutos.

Nick (Peter Falk) y Mabel (Gena Rowlands) Longhetti es un matrimonio con tres niños pequeños que aparentemente es normal. Eso es lo que él quiere mostrar a sus amigos y compañeros de trabajo, incluso a su familia, para no tener que lidiar con la realidad y lo que todos comentan, que Mabel es una chiflada. Porque ella no está bien, su comportamiento es errático incluso con los críos y también tiene pérdidas de memoria bastante graves. Pero Nick no parece querer aceptarlo y lo mismo le lleva a todos sus compañeros de trabajo a comer, siempre espagueti al parecer, que le echa una reprimenda por su comportamiento. Siempre afirma que la quiere y si tiene que disculparse lo hace enseguida pero su “normalidad” le acaba explotando en la cara cuando la situación se hace insostenible.

Gena Rowlands en Una Mujer Bajo la Influencia

John Cassavetes escribió y dirigió “Una Mujer Bajo la Influencia” poniendo al frente de la historia a su mujer y a uno de sus mejores amigos, una vez más. Ambos hacen un trabajo actoral magnífico, pero el despliegue de Gena Rowlands para mostrar lo que le sucede a su personaje es brillante porque combina el diálogo hablado con un repertorio gestual que le da aún más tonalidades a su personaje. Unos gestos que, en ocasiones, recuerdan a los que hacía Lucille Ball años atrás en comedia y que aquí pueden parecer también cómicos en un primer momento pero resultan cada vez más y más demoledores según pasa el metraje.

El señor Cassavetes no se andaba con chiquitas a la hora de rodas sus filmes, en algunos de ellos, como es el caso que nos ocupa, ponía a los actores delante de la cámara y dotaba a la historia de un aire teatral con una naturalidad pasmosa. En esta historia tenemos tres espacios principales: uno cerrado, la casa de los Longhetti en la que el marido se ahoga, y dos abiertos, el lugar de trabajo de Nick y la playa en los que puede respirar. Las escenas más tremendas ocurren en esa casa. La de la comida es natural como la vida misma, incluso que se indigeste el personal que acuda a ella lo resulta; las discusiones varias son a grito pelado, tal vez por el tema de la familia italoamericana, o por la falta de entendimiento palpable de todos, excepto los niños, hacia Mabel; y la de el regreso a la normalidad es tan desagradable para el espectador como para la protagonista.

Fotograma de Una Mujer Bajo la Influencia

Es imposible no sentir empatía, pena incluso, por esa mujer que vive una vida difícil porque no se la comprende y que tiene la conversación más inteligente que he visto en una película con sus hijos. Sí, con ella se empatiza fácilmente, porque según pasa el metraje el personaje de su marido pierde puntos. No es compatible el amor con la vergüenza, al menos no debería, y desde luego que él pretende que vuelva a ser quien pudo ser antaño, aunque me da la sensación de que cuando se casaron ella problemas mentales ya tenía, sin querer aceptar que lo que necesita es que la ayude y no que su realidad parezca diferente en los ojos de otras personas y en los suyos propios.

De hecho, claramente se ve que ni la familia de ella ni la familia de él ayudan en el proceso. La madre de él, de hecho, la llama loca a la cara y se pone del lado de su hijo sin tan siquiera ser consciente de la situación en primera persona. Pero claro, la solución que se da en el filme, en lo que yo veo una crítica al sistema sanitario relacionado con la salud mental, aún es más descorazonador.

“Una Mujer Bajo la Influencia”, mal llamada así en realidad porque no hay ninguna influencia en Mabel más allá de lo que su cerebro le hace hacer y/o decir y el título lleva a pensar al instante en alcohol y drogas, es una gran película que fue nominada a dos Oscar, a Cassavetes como Mejor Director y a Rowlands como Mejor Actriz (un robo para mi que no se lo dieran, aunque debería ver la interpretación de la ganadora de ese año) que muestra muchas cosas relativas a la enfermedad mental pero también a la vida familiar y a la realidad que se quiere ver o no.

Peter Falk en Una Mujer Bajo la Influencia

Me ha gustado mucho, es demoledora y magnética a la vez. Muy, muy recomendable.

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