La Lista de Schindler: El Holocausto bajo el ojo de Steven Spielberg

Poster de La Lista de Schindler

Título original: Schindler’s List.
País: Estados Unidos.
Año: 1993.
Director: Steven Spielberg.
Guión: Steven Zaillian.
Reparto: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Jonathan Sagalle, Embeth Davidtz, Adi Nitzan, Michael Schneider, Miri Fabian, Anna Mucha, Ezra Dagan, Caroline Goodall, Malgoscha Gebel, Shmulik Levy, Mark Ivanir.
Duración: 195 minutos.

El empresario alemán Oskar Schindler (Liam Neeson), miembro del partido Nazi, se trasladó desde su pueblo natal, en Checoslovaquia, a Cracovia después de que los alemanes invadieran Polonia en septiembre de 1939 para anexionarla. Schindler enseguida se hizo amigo de oficiales y gente importante del partido para iniciar sus negocios en la ciudad, y es que llegó allí con lo puesto prácticamente.

Liam Neeson en La Lista de Schindler

No le hizo ascos a negociar con los judíos que entraban en una de las iglesias de la ciudad para poder hablar sin que los nazis les pillaran, y negociar con ellos. Así, acabó contratando a un judío para que dirigiera su fábrica, Itzhak Stern (Ben Kingsley), quien viendo la que se estaba avecinando para sus compañeros de culto, ideo sin decirle nada a su jefe un plan para que en la fábrica de esmaltados, en la que hacían ollas y sartenes esmaltadas, acabaran trabajando judíos que estaban en serio peligro por falta de cualificación.

Los nazis metieron a los judíos en un gueto, una zona de la que no salían a no ser que tuvieran los papeles de trabajadores cualificados. Los nazis acabaron con el gueto y mandaron a los judíos al campo de concentración de Plaszow, en la propia Cracovia, y quienes podían seguir trabajando lo hacían, si no eran condenados a muerte instantáneamente sin que tan siquiera lo supieran. Gracias a los papeles logrados por Itzhak Stern, tras Schindler conocer lo que este hizo y los planes de exterminio de los nazis, todo el dinero que había ganado con la fábrica lo dedicó a salvar a los judíos que pudiera, sobornando a quien lideraba Plaszow, el sanguinario Amon Göth (Ralph Fiennes), para meterle algunas ideas en la cabeza y para que, finalmente, le dejara comprar a mil cien personas de una lista redactada con ayuda de Stern.

Fotograma de La Lista de Schindler

Mil cien personas sobrevivieron gracias a Stern y a Schindler sin perecer en el holocausto ideado por Hitler y sus partidarios, quedándose con la espina clavada de no haber salvado a alguien más y huyendo con su mujer para no ser capturado por los aliados tras la rendición de Alemania que puso fin, oficialmente, a la barbarie de la Segunda Guerra Mundial.

Basada en el libro “Schindler’s Ark” escrito por Thomas Kenneally, “La Lista de Schindler” es una de las mejores películas de Steven Spielberg, que bajo su ojo nos muestra el holocausto. La película empieza en color con un ritual judío y pasa al blanco y negro con la extinción de la llama de una vela. Unas velas devuelven el color al filme, así como el vestido rojo de una niñita que aparece un par de veces, para acabar de nuevo el metraje con un epílogo en color, al que luego me referiré.

El largometraje está muy bien ideado, de manera que varios montajes paralelos nos hacen partícipes de acciones simultáneas diferentes, ya sea la de Schindler poniéndose cómodo en el apartamento arrebatado a una familia judía que acaba en una minúscula habitación con otras familias, o incluso el modo de afeitarse del propio Schindler y de Göth, a priori un relleno pero que muestra algo de sus personalidades.

Ralph Fiennes en La Lista de Schindler

Creo que “La Lista de Schindler” hace un buen retrato de su protagonista, mostrando su acercamiento y su forma de estudiar a sus posibles futuros aliados para metérselos en el bolsillo y lograr su propio interés, el de ganar mucho dinero, así como el cambio de mentalidad que tiene con respecto al partido del que es socio y la barbarie que realiza.

Spielberg  sin tapujo alguno nos hace ser testigos del sufrimiento infligido por los nazis a los judíos ya sea con la violencia, la destrucción o incluso la mentira y la forma de propagar el miedo. La sangre en blanco y negro impacta tanto o más que volver a ver a esa niñita del vestido rojo donde no debiera haber acabado, pero no menos estremece ver esas nevadas de ceniza y la tensa escena de las duchas en Auschwitz.

“La Lista de Schindler” fue la gran triunfadora de los Oscar de 1994 que se llevó siete estatuillas de un total de doce nominaciones, entre ellas las de Mejor Película, Mejor Guión Adaptado, Mejor Edición, Mejor Dirección artística, Mejor Banda Sonora para la compuesta por John Williams, y Mejor Director, el primero para Spielberg al que se lo habían negado en más de una ocasión. Increíblemente, ben Kingsley no fue ni nominado por su fantástica actuación, al contrario que Liam Neeson y Ralph Fiennes.

Liam Neeson y Ben Kingsley en La Lista de Schindler

El filme es uno de los mejores de la década de los noventa y, tal vez, de la historia también, por muchas razones desde la maravillosa realización hasta la música, pasando por las actuaciones, el fantástico guión y la dirección, claro. También por ese bonito epílogo al que me refería antes, en color con los supervivientes de la mano de los actores, niños o adultos, que les dieron vida en el largometraje.

De visión obligada, no para los aficionados al cine sino para cualquier persona para no olvidar algo que nunca debería haber pasado, que nadie evitó y que hoy en día sigue muy presente, y sigue pasando de otras formas. Una historia que sigue poniendo los pelos de punta y aflorando sentimientos de rabia y tristeza.